miércoles, 13 de julio de 2016

PACHASAPA




Llegó a Huacho -robusta y culona- para dedicarse a la docencia secundaria.
Hija de maestros, flemática y voluptuosa, libró iracundas batallas callejeras y voraces combates epidérmicos en la Capital de la Hospitalidad.
"Tenía bigotes y era peluda. Me hacía regalos y me rogaba para que no me fuera", recordaba un zapatero que más  que placer parecía evocar un ominoso deber.
Sin embargo, su escabroso destino la condujo a los brazos y al lecho de un profesor cuyas facciones eran replica de su padre.
Enterada del romance, para la madre del profesor encarnó no el amor sino el horror. El secreto pavor de presenciar el incesto entre su hijo y la hija del mismo  ijar. Entrevero cuyo fin celebró con alivio.
Contra todas las previsiones se casó y parió. Mas socia que esposa, la calle fue su casa y su cocina una oficina.
Humilde, honesta y casi inmaculada, vieja treja y pendeja, verte a ti, hija del cinismo y la hipocresía, muestra que la mierda también camina. Y a veces hasta habla.    

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