miércoles, 4 de enero de 2017

EN LA RED DE CUPIDO




Si algunos hombres supiesen cuanto agrada a una mujer un fuerte abrazo, un beso en la frente, una caricia en el rostro, muchos no perderían su oportunidad mirando embobados su trasero.

El error recurrente de los jóvenes es creer que cualquier momento es propicio para seducir a una mujer. Pues, a decir verdad, quien conquista su aprecio es aquel que opta por hablarle de lo lindo que luce su cabello o de lo perfecto que le queda la ropa que viste. 


Ante todo, un hombre jamás debe olvidar que una mujer de verdad valora la cortesía, pues antes que pasear en un carro impresionante, más grata impresión le procura  pasear cogida de las manos. Mostrar que ama y es amada.

Pero de igual modo, en estos tiempos y a cualquier hora, las muchachas aprecian los mensajes virtuales; pero, sobre  todo -nunca lo olvides- aprecian tu atención.  Siempre, y para siempre.



 

lunes, 2 de enero de 2017

AÑO NUEVO EN LA CAPITALIDAD DE LA HOSPITALIDAD


Angella Changanaquì Portilla


A mediados de 2016, en plena contienda electoral (cuando por entonces conducía un programa de tv en Huacho), blandiendo el artilugio que le servía para comunicarse, un joven periodista en el hall del hotel Centenario me dijo: "Le voy a mostrar a una de las chicas mas guapas que se encuentra en campaña.Su abuelo es candidato". Al margen de aquella circunstancial referencia y alguna ocasional coincidencia en Huaura, había  olvidado de quien podía  tratarse hasta que vi aparecer en Facebook la foto y el mensaje que lo acompaña. Un sereno y sincero recuento que enaltece mas que a una persona a una generación. Y al pueblo cuya vida da vida.

A pocos minutos de empezar el 2017! :)
Como no pudo ser de otra manera, este año que fenece marcó innumerables anécdotas y travesías. Desde las que resultaron victoriosas hasta las que dejaron huella profunda y lecciones de vida.
La campaña electoral 2016 dejó para mí más que compañeros de organización HERMANOS DE LUCHA, que hoy por hoy considero parte de mi familia. Gracias infinitas por acompañarnos desinteresadamente sobre todo en momentos en que las fuerzas parecían disiparse.
Una persona jamás es consciente de lo que puede dar por los demás hasta que la vida y el corazón le obliga a hacerlo, y es lo que pasó este 2016. Un año de compromiso, superación y entrega más allá de los momentos difíciles.
Un año en el que la vida me permitió conocer a personas grandiosas, de esas que si pretendes retroceder te empujan hacia adelante sin pensarlo dos veces, de esas que te prestaron el hombro en todo momento, quienes disfrutaron tus logros y vivieron como suyos tus fracasos.
Un año en el que Dios me permitió conocer más allá de mis propios límites.
Y aunque ahora cause gracia, también un año en el que pude sentir el látigo de la mezquindad, la diatriba y la difamación, a mis cortos 20 años, pero que me ayudaron a conocer más de mi coraje. Gracias a ellos también por aportar en mi vida. De lo dulce y amargo se aprende...
Por último, muchísimas gracias a todos aquellos quienes depositaron su confianza en mi persona, quienes me brindaron la oportunidad de poder hacer algo por mi entorno, de crecer profesional y personalmente...
A todos ustedes un abrazo sincero y fraterno!
QUE ESTE 2017 SEAN DE MUCHOS ÉXITOS Y CUMPLIMIENTO DE
PROYECTOS!
SÍ SE PUEDE!

 

GLAMOUR DOCENTE



La conocí en el colegio del caserío de Tambón (comunidad campesina de Lascamayo, distrito de Ambar, provincia de Huaura) en el Día del Niño 2015. Puesto que se disponía conducir el primer show infantil de aquellas alturas, aquel día vestía un buzo color rosa y llevaba un par de notorias colas en el cabello. 
Después de un par años, más allá de mi recuerdo, a través del Facebook la vuelvo a encontrar.  



martes, 6 de septiembre de 2016

LA RUEDA DEL DESTINO


"Cuando llegamos al río, allí los vimos, a los dos, cálatos. Primero comenzó a chuparle la pieza, después el mismo lo agarró con su mano y se lo metió por atrás. Y como era gordito, sus nalgas se mecían igual que una malagua".
Sin preverlo, ni siquiera preguntarlo, en un viaje de tres horas por la trocha que recorre el valle Supe-Ambar me llegan noticias sobre la existencia (y hasta las mas secretas intimidades) del que fuera, en mi recuerdo, uno de los mas destacados y promisorios  muchachos de mi generación.
No lo recuso, tampoco lo celebro, solo trato de comprender: porqué  los mejores no siempre obtienen lo que de ellos se espera. Pues aunque quien lo cuenta ríe, yo callo con tristeza mirando los cerros que guardan el color inmortal de la tierra.
  

miércoles, 13 de julio de 2016

PACHASAPA




Llegó a Huacho -robusta y culona- para dedicarse a la docencia secundaria.
Hija de maestros, flemática y voluptuosa, libró iracundas batallas callejeras y voraces combates epidérmicos en la Capital de la Hospitalidad.
"Tenía bigotes y era peluda. Me hacía regalos y me rogaba para que no me fuera", recordaba un zapatero que más  que placer parecía evocar un ominoso deber.
Sin embargo, su escabroso destino la condujo a los brazos y al lecho de un profesor cuyas facciones eran replica de su padre.
Enterada del romance, para la madre del profesor encarnó no el amor sino el horror. El secreto pavor de presenciar el incesto entre su hijo y la hija del mismo  ijar. Entrevero cuyo fin celebró con alivio.
Contra todas las previsiones se casó y parió. Mas socia que esposa, la calle fue su casa y su cocina una oficina.
Humilde, honesta y casi inmaculada, vieja treja y pendeja, verte a ti, hija del cinismo y la hipocresía, muestra que la mierda también camina. Y a veces hasta habla.    

jueves, 5 de febrero de 2015

LO QUE QUEDO DE EL PARAISO


"Oh belleza, vicio maravilloso de la forma", escribio alguien cuyo nombre -cuando mas me urge- me resulta esquivo. Pues, en ocasiones, no hay peor ignorancia que la del olvido.

viernes, 25 de abril de 2014

LA CARA DE DIOS


Enfundada en un ceñido pantalón verde oscuro y un polo negro, no menos entallado, “la gallina de mi caldo” (como diría mi amigo Juan), transita por la avenida principal de Huacho. Con todo, la dicha de tocarla no me libra de la dicha perturbadora de verla.
Sin embargo, al final de aquel público trajinar, en una discreta salita, sentada a mi lado, a sus 44 esplendorosos años, generosa y amorosa, se somete a mis besos y caricias. Contra lo habitual, esta vez no apaga la luz. Estimulado por la claridad, beso con frenesí sus tersos y blancos senos.
Entonces también, gracias a la luz, mientras devoro con avidez a “las gemelas” (como las llamaba la loca María), entreveo, de reojo, en su cara el rostro del placer. El instante eterno en que, con los ojos cerrados y la boca semiabierta, pareciera contemplar la cara de Dios. Pero el encanto no dura tanto. Intimidada por ver su intimidad iluminada capitula nerviosa y presiona el interruptor.
“Lo mejor de vestirse es desvestirse”, decía el poeta César Calvo. A tientas, entre tinieblas, emprendo y acato aquel sagrado mandato. Primero el botón de su pantalón, y por último, el supremo bastión de la tentación sucumbe al ímpetu de mi exploración.
Pero antes, para hacer más cordial y menos violento el encuentro, por un costado de su pequeña truza, ingreso a estito para visitar a esito (para decirlo a la manera que estilan hablar las mujeres y los hombres de Ayacucho).
Conforme lo preveo, de inmediato, la visita deviene en una firme erección, y aquella providencial erección, en una grandiosa y gloriosa incursión. Tanto que, en una breve tregua, impaciente, con sus propias manos no duda en tomar estito para volver donde esito. Azorada, abrumada, admirada, tampoco duda en decir: “¿Tanto duras?”.
En el claroscuro de la noche, para el inexorable lance final le pido reclinarse. Rendida de gozo se da vuelta y se posterna, exponiendo ante mi deseo la mas hermosa y placentera de las redondeces que pueda imaginar en este redondo mundo.
“Se necesita mucha fantasía para abarcar la realidad”, escribió el sabio Goethe (que además de escritor genial, sabia tanto de minerales como de mujeres). Aquello fue la apoteosis, pues solo recordarlo desborda mi imaginación: ella gimiendo y meándose al mismo tiempo, en tanto yo, con más ganas que nunca, a mis 51 años, embestía e inundaba jubiloso su vagina y sus entrañas.
Y puesto que el amor es más amor después de hacer el amor, cuando la vi contraerse sobre el mueble en posición fetal, al acariciar su cabello y besar su frente, supe que jamás había amado tanto.