jueves, 2 de febrero de 2012

“EU CHI QUERO, EU CHI AMO”



He olvidado los pormenores del viaje, no su final. Pues, a diferencia de otras veces -luego de recorrer 14 km y descender 1500 m- precedidos por dos burros y un par de carneros, a pesar de la oscuridad, entramos al pueblo al compas melodioso de una banda de viento. Era día de fiesta.



No obstante, agotada por las horas de viaje mi madre prefirió dormir de inmediato. Pensé hacer lo mismo. Pero a pesar de la molestia en la rodilla, pudo más la curiosidad.


Contra mis intenciones, regresé de madrugada. Volví eufórico, diciendo a mi madre que me había curado bailando con una chica. “Cuento para no dormir”, dijo ella. Pero en cierto modo, así fue; cuando la vi parada en el centro de la plaza, chatita y modosita, la mire con atención, y cuando la banda se alejó de la plaza, la seguí con inexorable tentación.


Cinco días después, no habiendo manera de olvidarla, la busqué. Entonces descubrí que también ella me estaba esperando. Por eso, nunca olvidaré la noche inolvidable (inolvidable no tanto por tratarse del día de mi cumpleaños) si en cambio por lo que me dijo al despertar, luego de sonreír y juntar sus labios a los míos: “Y, ¿te gustó tu regalo?”

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